Tropiezo en la calle Laforja de Barcelona junto a Sagués con el mismísimo Pasqual Maragall. Va en tejanos, acompañado presumiblemente de un escolta. Camina aparentemente aturdido. Me recuerda a mi padre, en pleno proceso de degeneración cognitiva. Al menos Maragall transita por la calle.
Mi padre apenas puede dar ya unos pasos sin auxilio. La inmovilidad se cierne sobre él. Su cerebro no atina a transmitir las órdenes adecuadas a unas extremidades condenadas a la atrofia.
De joven gran escalador de balcones porfiando a la búsqueda de damiselas pallaresas, ahora se ve octogenario, escasamente móvil y con el aturdimiento de quien piensa qué he hecho yo para merecer esto.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez