Cada vez estoy más convencido de la conveniencia de hacer menos cosas y en cambio mejor hechas. De seleccionar: esto sí, esto no. Y una vez puestos en materia, llegar hasta el fin.
La dispersión mata la calidad, el trabajo bien hecho. Ciertamente, en el terreno de las ideas propicia el estímulo asociativo, la concadenación y producción de nuevas ideas. Sin embargo, los resultados finales se resienten por falta de intensidad, de foco. De concentración.
Algunas personas me comentan que no-tienen-tiempo-para-todo. Grave problema. Aquí se revela la dejación de un deber impostergable: escoger. Porque ciertamente no hay tiempo para todo.
Uno de los aspectos más insatisfactorios de los años en que ejercí el periodismo activo fue la sensación de quedarme siempre a medio camino. Ciertamente lo bueno es enemigo de lo mejor pero la gran trampa de aquel oficio es hacerte creer que por ir contrarreloj estás exculpado de todo. Incluso de la buena educación.
Quien desee dar un sentido artesanal a su vida, probablemente deberá cambiar de oficio. La obra bien hecha requiere muchos mimos, tiempo, maceración, retoques y pulimento.
Quien así lo sienta encontrará en el periodismo un oficio deleznable, tosco, amargo y harto presuntuoso.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez