Un entrevistador me ha preguntado -en el curso de una de las mejores entrevistas que me han hecho en los últimos días- si de mi libro "El Método Guardiola" se trasluce resentimiento hacia la profesión periodística.
-Algo de eso hay-he contestado.
No creo que el resentimiento sea una actitud inteligente. No es ejemplar: te degrada. Pero está allí. Forma parte de uno como esos granos indeseados, las uñas excesivamente largas o la caspa impenitente. Va en el paquete.
Pero creo por contra en el efecto catártico de abocar aquello que te desazona. Porque es auténtico. Incluso instructivo para terceros.
A la larga, es bilis que se pierde, se desintegra en el cúmulo de los días. Es una toxina que se transpira y posiblemente fenece y ya está.
Creo en los libros escritos con autenticidad. Me enseñan más que aquellos políticamente correctos pero que no me muestran los bastidores de la realidad.
Sí, hay algunos atisbos de resentimiento en mi libro. Léase, expectativas no cumplidas, personas decepcionantes y la sombra del engaño persistente e institucional.
Pero en la medida en que lo desmenuzo y proclamo, creo que ayudo. O cuanto menos me autoayudo.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez