Creo firmemente que en la vida son pocos los amigos que uno puede tener. Entiéndaseme: amigos en el sentido profundo del término. Buenos colegas y compañeros o personas apreciadas, las que se tercien. Pero el sentido profundo de la amistad requiere dedicación artesanal. Es por ello incompatible con tener una gran lista de amistades entrañables y probablemente emocionalmente insostenible.
Los amigos son nuestros compañeros de viaje y al mismo tiempo que dan testimonio de él nos lo marcan, influyen en nuestros derroteros.
Las vicisitudes están a la orden del día. Los escollos. Pero también los momentos profundos y balsámicos.
No me retracto de lo afirmado: soy persona de pocos amigos pero entiéndase bien la filosofía que subyace en esta afirmación: los amigos no están a nuestro servicio aunque esperamos que estén a nuestro lado en momentos muy determinados.
Asumida la alta responsabilidad en que consiste adjudicar el título de amigo, es manifiestamente más efectivo y deseable ser comedidos a la hora de escoger a nuestras amistades, sin crear expectativas incumplibles. Vivir y gozar de la vida con la mayor sencillez. Con eso basta.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez