Leo en la Vanguardia de ayer, 27-8-10, el artículo del experto Jordi Pigem sobre el difunto Raimon Panikkar, y me llama la atención la expresión "puente de luz" que utiliza en su artículo.
Por encima de todo, el excepcional pensador huía del pensamiento absoluto, de una manera única de concebir las cosas. La suya fue una vida en pos de la síntesis, de fertilizar el pensamiento a través del mestizaje y la interrelación entre las ideas. Es la faceta que más me atrajo de él, aparte de su carisma personal, verbo encendido y faz juvenil más allá del paso de los años.
Siento ahora no haber asistido a ninguna de sus conferencias en el pueblo de Tavertet. En cierta ocasión estuve a punto de llamar a su puerta pero en un arrebato de timidez desistí.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
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