Canícula. Es lo que toca: pasar calor.
Regreso a Barcelona tras plácidos y más o menos fresquitos días en la Cornisa Cantábrica. Hermosos parajes aquellos, reveladores de que la diversidad de España no es un tópico. De una panzada regreso en coche de Oviedo hasta Barcelona. Me recibe el impenitente calor.
Recuerdo que años atrás soportaba poco y mal el calor. Ahora es distinto. Me he curtido en unos cuantos viajes al Caribe o quizá es que mi metabolismo ha cambiado en este aspecto. El calor puede adormecerme pero no me deja en un estado de sopor próximo al hastío como en otras épocas. Lo percibo ahora como una sauna agradable que me acompaña y me suscita sentimientos algodonados, querencia por los gestos muelles, caminar blando y una euforizante ingesta de agua fresca cada dos por tres.
Me gusta el calor y esto no lo hubiera afirmado hace unos años. Cómo uno cambia.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez