Qué momentos más gratos brindan las brisas que alivian el calor del estío. Lo he experimentado una vez más esta tarde en la céntrica Rambla de Cataluña de Barcelona, una de las más agradables zonas por donde pasear.
Habitualmente una corriente de aire acompaña a esta vía que desde la Diagonal desembarca en la Plaza de Cataluña y luego se prolonga en las populares y populosas Ramblas hasta el monumento a Cristóbal Colón, adjacente al puerto barcelonés.
La Rambla de Cataluña es un deleite para el callejeo, la contemplación de escaparates y el escrutinio del propio flujo peatonal (gente incesante para arriba y para abajo), espectáculo gratamente a la vista desde los bancos públicos o las numerosas terrazas, muy concurridas por cierto.
Las brisas nos amenizan los paseos, suavizan los calores rigurosos y nos oxigenan el ánimo.
Me viene a la memoria un enclave de la vila mallorquina de Pollensa: el cruce entre dos calles donde una permanente corriente de aire refrescaba la esquina. Como para sentarse allí y refrescarse de una manera tan natural y privilegiada.
Es lo que tienen las brisas. Nos hacen grata la vida. Nos bendicen con su soplo oportuno.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
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El Espacio del Dircom
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Periodista Digital
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