(Cuarto y último texto de Carolina Blay. Será también radiado el 1-7-10.)
Título: "Hemos nacido para ser felices".
Nosotros estamos destinados a vivir la felicidad. Es nuestro destino porque es nuestro origen, es nuestra fuente.
La naturaleza de nuestro ser, la identidad profunda de nosotros mismos esta hecha de felicidad porque somos expresión directa de la felicidad del Absoluto.
El problema está en que nosotros consideramos que la felicidad ha de ser el producto de algo, la felicidad nos ha de venir como consecuencia de cumplirse una serie de requisitos, que nosotros ponemos en nuestra vida. Creemos que sólo en la medida en que se cumplan los deseos, los proyectos óptimos que tenemos de nosotros y de los demás sólo entonces yo podremos ser felices. Este es un error de base.
La felicidad en el mundo no está nunca procedente de nada ni de nadie, sino que la felicidad está en la fuente de nuestro ser. La felicidad es la naturaleza más profunda de nosotros mismos. La felicidad es algo que existirá en nosotros en la medida en que nos obliguemos a cultivarla, a abrirnos a ella, no es algo que nos ha de venir, sino que es algo que se ha de producir en nosotros cuando dejemos de buscarla en sitio erróneo.
Lo primero que yo tendría que meditar largamente es que todo el placer, toda la satisfacción que me pueden dar las cosas, las personas, las situaciones no son nada más que una pequeña partícula de la Felicidad Absoluta, no otra felicidad, sino la misma que creo que me pueden dar las situaciones más idealizadas. No otra felicidad, no es que tengamos que renunciar a una felicidad para que a cambio se nos dé otra que nos dicen que vale más, no. Toda felicidad que nosotros vivimos es expresión de la única felicidad que es el absoluto. El mal está que nosotros nos limitamos a desear la felicidad supeditada a unas circunstancias determinadas y esta condición que ponemos, este estar pendiente de unos modos particulares de querer ser, vivir, esto, es lo que pone límites a nuestra capacidad de realizar esta felicidad.
Las cosas mejores de la vida, solamente hacen que despertar en mi algo de esta felicidad, no me dan, sino que despiertan, actualizan.
En la felicidad ocurre como en el impulso vital. El impulso vital nunca me viene dado por fuera. El impulso vital es la esencia misma de mi ser y tiende a irradiarse y en la medida que se expresa, en la medida que se exterioriza de un modo inteligente, crece. El amor felicidad, es exactamente igual. En la medida en que yo le doy paso, que yo lo expreso, que yo lo cultivo, que yo lo acepto, que no le pongo límites, en esa misma medida crece. Como ocurre con la inteligencia, en la misma medida que la ejercite, que la exprese, en esa misma medida crecerá. Nosotros aplicamos el criterio material sin darnos cuenta, creyendo que estas cualidades básicas son algo que a semejanza de lo físico yo lo tendré por posesión acumulativa; es algo que me ha de venir del exterior y que yo reteniendo determinadas cosas del exterior entonces retendré una determinada felicidad o bienestar. Y aplicando este criterio es como nos encontramos con los fracasos continuos.
Nunca la felicidad nos vendrá por nada del exterior, aunque es cierto que el exterior puede despertarnos un grado determinado en un momento determinado, de felicidad. Entonces nos crispamos sobre esta cosa que nos despierta esta felicidad, queremos poseer, retener esa cosa exterior, esta circunstancia esta persona, esta situación porque estoy exigiéndole a esta situación que vaya produciendo en mi más y más, esta felicidad que en un momento determinado me ha producido.
He de dejar de buscar estímulos en el exterior para ir directamente a la fuente y descubrir que el modo de desarrollar la felicidad está en darla, en obligar a que se manifieste en mí de la misma manera que yo puedo aprender a tomar el calor del sol poniéndome conscientemente bajo sus rayos.
Si yo me centro en la noción, en la intuición que tengo de la Felicidad y cuando puedo mantenerme centrado en esta intuición presente, de felicidad y amor absolutos y mantenerme centrado en relajación interna contemplando y dirigiéndome afectivamente a esta intuición, es exactamente como si yo estuviera permitiendo que este amor, esta felicidad me llenara desde dentro y que después pudiera irradiar hacia fuera. Este es el secreto de la felicidad.
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En mis clases de yoga busco la manera de acercar la meditacion a mis alumnos
buscando diferentes enfoques como hacía Blay
termino hablando durante largo rato sobre la felicidad, con las mismas palabras que una y otra vez escuche sin poder creer tanta maravilla en boca de Blay,
en esos años una parte de mí decia "ojalá"
Ahora , lo hago desde el reconocimiento y el agradecimiento a tantos y tantos que como Antonio Blay y tu mismo nos lo recuerdan una y otra vez.
En espera de ese momento presente en que el presente sea la unica realidad sin más dudas, solo amor
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
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Periodista Digital
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