Que no tiene buen arranque. Que no pilota bien en pista mojada. Que se cae demasiado poque arriesga en exceso. Que no dosifica la goma del neumático.
Tales son los puntos débiles del piloto Jorge Lorenzo que oía de los expertos cuando –hace apenas un par de años- dejé de ejercer mis labores como coach de comunicación del joven piloto.
Ayer pude ver el final de la carrera de Le Mans, una nueva victoria que le consolida en el liderato mundial de moto GP. Ni por asomo encontré los mencionados puntos débiles. Jorge ha progresado un montón y va lanzado a disputarle el título al mismísimo Rossi, el héroe de su niñez...
Incluso las celebraciones de Jorge han adquirido una austeridad que no sacrifican la brillantez. Ayer mismo, el irse a sentar en una simple silla de tijera ante una gran pantalla y empezar a comer palomitas constituye uno de sus mejores gags. Es su momento soñado: los momentos Lorenzo. Cuando emulando al propio Rossi, da rienda suelta a su vena de artista. Que la tiene y es profunda.
En nuestras conversaciones profe-pupilo hablábamos a menudo de este tipo de celebraciones. Me di cuenta enseguida de que era un terreno propicio para que se me abriera. Para que su coraza de hombrecito-campeón abriera unas cuantas hendiduras emocionales. Entonces Jorge abría compuertas y disfrutaba explicando cómo-lo-celebraría-la-próxima-vez.
Jorge mantiene una línea de progreso continuo. Ha reconfirmado su madera de campeón. Ahora ya el paso del tiempo juega a su favor. No creo que pase mucho –quizá esta misma temporada- antes de que le veamos definitivamente encaramado en lo más alto del podio.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez