Tengo el viernes libre y exploro los alrededores del hotel Clarión, junto a la plaza del Naco de Santo Domingo, en pleno corazón del sector financiero capitalino (allí dicen capitaleño).
Entre bloques destartalados descubro un poco de todo: Casa Vicente, el restaurante asturiano donde estuve hace un par de años. El gimnasio Body Shop, en lo alto de un edificio acristalado, con piscina propia en la azotea. Tres jugueterías. Unas galerías repletas de salones de belleza, el gran negocio nacional. El Canal 21 de televisión. Una llamativa firma de muebles y ornamentos del hogar. Una heladería. Mi ya conocido Pizza Hut. Una notaría.
Y así una sucesión de hallazgos.
Santo Domingo se me antoja una ciudad cada vez más próxima. Ya no me impresionan los guardias de seguridad en sus destartaladas garitas con gruesos rifles de improbable precisión. Ni la escasa luz artificial cuando anochece. Ni el ruido por doquier, sin restricciones. Ni los transeúntes caminando a cámara lenta.
Esto es Santo Domingo, señores. Y yo soy un puro observador ocasional, cada vez más apegado a cuanto veo.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez