Guardo meticulosamente todos los recibos de cuanto adquiero o consumo. Es una costumbre que inicié hace unos cinco o seis años, en las postrimerías de mi estancia profesional en la cadena hotelera RIU. Si algo aprendí a espuertas en aquella empresa es la estricta gestión de los costes. Los de la empresa y los de mi economía doméstica.
Echando un vistzo a la caja donde guardo todos mis consumos de 2010 observo que configuran una montañita realmente pequeña. De hecho no llega ni a cerro o colina,a diferencia de las cajas de otros años repletas de papelitas, recibos, facturas y otros comprobantes de gastos.
Es evidente que gasto menos ya que consumo menos. Esta es una tendencia general de la sociedad. Quien no tiene, no gasta porque no tiene. Y el que tiene a poco que puede ahorra porque no tiene confianza en el futuro inmediato. Este es mi caso.
Así me lo confirman directores de oficinas bancarias (me gusta hablar con ellos para tomar el pulso a la economía real): se dispara el ahorro entre los que tienen todavía excedente en su día a día. Se retiene el dinero porque no se confía en la mejora de la situación económica.
El día en que haya un gobierno que suscite confianza, hay un cúmulo de ahorro que podría ir a parar a nuevos proyectos empresariales. Pero falta ese intangible tan valioso: la confianza en que todo irá bien.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
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El Espacio del Dircom
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Periodista Digital
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