Una de mis experiencias más impactantes de 2009 (quizá la que más junto a la enfermedad sobrevenida y simultánea de mis padres) fue descubrir un falso amigo a mi alrededor.
Experiencias de este tipo curten y superado el dolor del descubrimiento, te ayudan a crecer. Doy fe de ello.
Debo aclarar que por encima de todo la responsabilidad de rodearse de pseudoamigos proviene de uno mismo. De dar confianza a la persona inadecuada. De suponerle unas cualidades que luego no son tales o en todo caso no lo son tanto como uno esperaba.
Hay por lo tanto un importante error en las expectativas que uno mismo se crea. Un torpe contrato psicológico que luego la realidad hace añicos. Y eso duele. Pero también enseña.
No soy la primera persona en la historia de la humanidad que da confianza a la persona equivocada. Que le presume noble y luego descubre los profundos desequilibrios emocionales del destinatario de nuestros afectos.
Es peligroso dejarse seducir por las palabras. Las palabras por ellas mismas no son nada. Son los hechos los que avalan. Las actuaciones. El día a día.
Mucho cuidado con los elogios interesados o sencillamente emanados de espíritus volubles. Individuos infelices en el fondo por la incoherencia entre lo que dicen y lo que practican. La praxis les retrata.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez