Uno de los aspectos frustrantes de impartir en inglés a un público heterogéneo es que se diluye la posibilidad de emplear el sentido del humor. Es a la vez un gran riesgo ante la diversidad de receptores del discurso.
Para emplear adecuadamente el humor hay que tener un dominio riguroso del idioma. Si ya incluso en el idioma materno (en mi caso el castellano, seguido muy de cerca por el catalán) es difícil encontrar el justo punto de hilaridad no ofensiva, al hacerlo en un tercer idioma el reto es intelectualmente hercúleo. O al menos así me lo parece.
Por contra, el reto de hacer reir en un idioma extranjero se me antoja un muy interesante desafío. Es el contrapunto dulce a una tarea prolija e incierta en sus resultados.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez