Tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover a cántaros.
Así rezaba la canción pero lo de estos días en Galicia -adonde llegué ayer- es la precipitación permanente.
Es impresionante ver el caudal de los ríos. El viento racheado mece los coches y dificulta el aterrizaje de los aviones. El del mío de ayer con Spanair en Lavacolla fue de James Bond: niebla interminable, ladeo incesante y batacazo final en pista. Emociones fuertes en una tierra bucólica y por tanto apacible.
Compruebo que la cafetería "Ferro" de Santiago de Compostela ha cerrado sus puertas. Toda una pérdida. En la cafetería "Lago" continúan sirviendo un buen café con leche con ración pequeña de tarza de manzana sabrosa al aleccionador precio de un euro.
(Hay cosas que reconfortan y ésta es una).
Meto la nariz por la librería "Follas Novas". Mantiene su peculiar desorden que tanto encanto le da.
El autobús a A Barcia continúa sin tener señalización ni horarios explícitos. Has de preguntar a los transeúntes. Pura tradición oral. Cultura de aldea en el siglo XXI.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez