Una vida profesional a salto de mata (lo propio de un free-lance) tiene también unos costes añadidos de los que no te percatas a primera vista. Uno de ellos es la falta de rutinas, maneras pautadas de proceder que aportan eficiencia y descanso, poco o mucho pero bien planificado.
El free-lance, por contra, vive en la discontinuidad permanente. Sus rutinas no arraigan.Las ventanas a la creatividad se abren de par en par, sí. Pero también los efectos colaterales: desorientación periódica o cansancio sin ser consciente de él.
Una de las secuelas del cansancio es la pérdida de interés por lo que antes concitaba pasión. El hacer las cosas de cualquier manera te priva del efecto balsámico de la obra bien hecha. La frustración por la tarea dejada a medias es profundamente fatigante.
Sensato consejo: parar, observar y sentir. Aunque es justo lo que no te pide el cuerpo. Te lo pide una instancia superior a él: tu ordenador central que todo lo gobierna. Hasta los desgobiernos.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
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El Espacio del Dircom
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Periodista Digital
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