Vuelvo a volar y con un cierto desparpajo, tras un año y medio de extraña ansiedad al hacerlo.
La ansiedad:tal como vino, se fue.
Mis frecuentes viajes transoceánicos del último semestre han ayudado a ello: quieras o no quieras, el volar que causa la aflicción es también la medicina.
Boston, Dominicana, Panamá...Llevo unos cuantos tutes transoceánicos en poco tiempo. Y la verdad es que al ser vuelos de entre 7 y 12 horas, por estadística siempre toca algún tramo de turbulencias medianas. Es un buen entrenamiento para superarlas.
Por otro lado, mis últimos vuelos han sido de una placidez extrema. Había momentos en que el aparato parecía parado en el aire, en suspension. Como si indefinidamente colgado de un punto del firmamento.
Los buenos vuelos son también fuente de placer y gratos recuerdos.
Ojalá muchos más así vengan.
Viernes, 17 de febrero
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
Casimiro López González
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Mercedes Guiot