Qué extraño placer el de blogear desde una terminal de aeropuerto inmerso en la noche centroamericana. Me encuentro en el aeropuerto de Tocumen, el principal de Panamá, a punto de embarcar rumbo a Madrid y Oviedo. La humedad se hace agua en los ventanales. Concluyo mi primera visita a Panamá.
Panamá City tiene algo de fantasmagórico en su extremo contraste entre pacífica bahía y trepidante centro dotado de ambiciosos rascacielos.
Produce un cierto efecto de Hong Kong del Caribe. Sus calles son tortuosas y su tráfico -en horas punta- roza el suplicio.
Hay mucho dinero acumulado en este rincón del planeta al que acuden inversores y ahorradores de todas las latitudes.
De gran belleza las regiones del interior. A pesar de ser un país pequeño, su diversidad es grande y su poencial turìstico, considerable.
Me quedo con algunas palabras entrañables de la jerga local. Tales como llamar a propios y extraños "cristianitos" y "cristianitas", la erxpresión "todos los días de Dios" o los gruñidos irreproducibles con que los lugareños se saludan o interpelan.
Buen nivel de castellano el de los panameños. Atentos y discretos pero amantes de la fiesta, de la bulla siempre que se tercia. Preciosas las camisas de dos bolsillos de blanco inmaculado en el caso de ellos. Se utilizan tanto "los días de reir como para los días de llorar". Extraordinariamente bellas las polleras (vestidos) policromas que lucen ellas en carnavales y días de fiesta.
Impresionante el canal de Panamá como obra de ingeniería. Muchas personas murieron en su construcción. Todo un capítulo de la grandeza de las obras humanas cuando algo nos proponemos.
Viernes, 17 de febrero
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Antonio Pérez Henares
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
Casimiro López González
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Mercedes Guiot