Oigo voces desesperadas en la madrugada. Me las suministró anoche un programa de Radio Nacional de España sobre el paro. El teléfono sacaba humo.
Me llamó la atención un joven del País Vasco que reclamaba poder ser papá pero que con sus 1.200 euros al mes, hipoteca y reestructuración en ciernes, no se veía capaz.
Noto una desesperación antigua: la que yo percibía a finales de los años setenta, en pleno inicio de la transición. Han pasado treinta años y aquellos ecos vuelven como una música antigua y no precisamente agradable.
¿Qué país dejamos en manos de quienes ahora veinteañean con toda la ilusión del mundo? ¿Y qué sentido tiene ningunear la capacidad de individuos por tener más de 45 años en la supuesta sociedad del conocimiento, donde toda destreza adquirida es poca?
Aquel chico del País Vasco llamaba a somatén. A la revuelta. Y no le faltaba razón.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
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El Espacio del Dircom
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Periodista Digital
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