Esto es lo que hay

Eto'o es lo que hay (si me preguntas por Samuel)

24.07.09 | 17:20. Archivado en Experiencias
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Muchas personas me preguntan por Samuel Eto'o, ya en sus horas de marcha del FC Barcelona tras un mes de julio de asfixiante revuelo.

Cuanto tengo que decir al respecto ya lo he escrito en mi libro "El Método Guardiola", que aparecerá en otoño, y lo he expuesto ya públicamente en foros como ESADE.

Con gusto adelanto algunas ideas.

Generalmente se comete el error de identificar a los futbolistas con unos colores. Es correcto identificarlos con colores pero no hay que equivocarse: el único que sienten de verdad es el del dinero. Y el representante se encarga de recordárselo.

En resumen: son mercenarios en un mercado harto corrupto y en que nada es lo que parece.

Hecho este preámbulo, me gustaría distinguir entre el Samuel sensible (aunque siempre impulsivo y, por descontado, harto inculto y por ello voluble) que conocí en Mallorca, al Eto'o instalado en el euro y transformando sus impulsos solidarios (que los tuvo en su momento) en pura mercadotecnia de la mano de su representante José María Mesalles.

Como director de Comunicación de la Fundación Campaner para la lucha contra le enfermedad noma infantil en Africa propuse el nombramiento de Samuel como padrino de honor con motivo de su llegada al FC Barcelona, que coincidía con el establecimiento de nuestra delegación en la Ciudad Condal.

Era un Samuel de sonrisa franca que descubría un mundo superior: el de los elegidos para la gloria deportiva. El y su representante nos hicieron promesas que no cumplieron. Al contrario, rentabilizaron mediáticamente a su favor el prestigio de la Fundación Campaner sin ayudar en lo que se les pidió.

Lo pasamos muy mal en la Fundación. Estuvimos a punto de anunciar la destitución pública de nuestro padrino de honor.

No lo hicimos por respeto a nuestros propios niños, que engalanaban sus habitaciones en Níger (uno de los países más pobres del mundo) con imágenes del astro camerunés.

Recriminé a Mesalles su actitud: falta de integridad. O lo que es lo mismo: incongruencia entre palabra y comportamiento.

Su respuesta fue rápida y airada. Escrita de manera pedrestre. Sin atisbos de la formación y ponderación que hay que presumir en un profesional del derecho.

A raíz de mi amonestación Samuel y Mesalles acordaron aportaciones anuales a la Fundación de 1.000 y 300 euros respectivamente.

Decidí quitarme de en medio. Un tiempo más tarde concluyó mi voluntariado de cinco años en la Fundación Campaner.

Guardo un mal recuerdo de la actitud de Mesalles. De su torpeza y falta de organización. Y de su falta de autenticidad.

Pero debo reconocer que fue una gran lección para mí sobre el tema de la solidaridad: cómo hay que desconfiar de tantos y tantos que acuden a ella para medrar mediáticamente. Pura cortina de humo para sus ingresos astronómicos.

Todo esto lo explico detalladamente en mi libro. También incluye una conversación a 10.000 metros de altura con el propio Samuel. Quiso hacer de la solidaridad una bandera. Pero cayó víctima de su propia egolatría.

El suyo es un mundo de mercenarios. Y él ha conseguido el mérito de ser uno de los mejor pagados.

Si eso da sentido a su vida, enhorabuena para él y su corte de aduladores.

Pero hay otra formas de grandeza a las que él renunció: por ejemplo, la de ser un auténtico pichichi de la solidaridad.


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