Es la hora de los fichajes. La prensa deportiva va servida. Sin ellos, ¿de qué hablarían?
Las cifras de los futbolistas continúan por las nubes. Es un mercado desaforado, en contradicción con el estado real de las finanzas de los clubes: próximos a la bancarrota.
Pero éste, el de fúbol, es un circo de emociones inasequible al desaliento. Pasión pura. Disparate extremo. Una coartada para evadirse de los problemas cotidianos: la crisis, los achaques, las envidias en el trabajo.
El fútbol es una extraordinaria válvula de escape para soltar mala bilis. Para catapultar personajes y personajillos. Para tener entretenimiento ante el tedio.
¿Sería concebible un verano sin fichajes? ¿De qué viviría la caterva de redactores deportivos? ¿Cómo se lucrarían los intermediarios? Y en las tertulias, ¿de qué se hablaría?
Esto del fútbol es un negocio estratosférico. Y como la mayoría de los grandes negocios, tiene su lado oscuro de corrupción y compadreo.
Lástima que no haya auténtico periodismo de investigación.
Disfrutaríamos de estos días de estío por partida doble.
Martes, 14 de febrero
Jaime Rodriguez
Miguel Ángel Violán
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
Casimiro López González
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Mercedes Guiot