"Yo soy la oveja rosa de la familia".
Así rezaba la camiseta de uno de los participantes en las manifestaciones en Barcelona con motivo del día del Orgullo Gay Mediterráneo.
Un lema bien creativo que ilustra el signo de los tiempos. Antes la homosexualidad se convertía en estigma, cuando no en secreto de familia. Hoy se integra en los hábitos sociales de una manera básicamente plácida. Yo no me lo esperaba.
Recuerdo aquel verano que pasé en San Francisco en julio de 1977. La bella ciudad californiana ya era entonces la Meca del movimiento gay pero no sin tensiones. En aquella época la política de Florida Anita Bryant lanzaba una pertinaz cruzada contra la permisividad en torno a los homosexuales. Por ejemplo, reivindicaba que no pudieran hacer de profesores.
Aproveché mi estancia en San Francisco para escribir algunos reportajes sobre el movimiento gay. Mis interlocutores en California resultaron ser gente muy proba. Me ayudaron a liberarme de muchos prejuicios que yo tenía sobre el tema. A respetar una opción perseguida. A conocer el significado de la palabra homofobia. A vivir y dejar vivir.
Han pasado poco más de 30 años y en España el tema ha pegado un vuelco que yo no hubiera imaginado. Sin dramatismo. Tranquilamente.
Qué poco saben los jóvenes de ahora del oscuro trato de antaño en torno a todas las cuestiones relativas a la sexualidad.
Todo un vuelco, sí señor.
Martes, 14 de febrero
Jaime Rodriguez
Miguel Ángel Violán
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
Casimiro López González
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Mercedes Guiot