Cuando Elvis Presley murió yo recogía teletipos en el diario Télex Exprés.
Cuando asesinaron a John Lenon, yo cursaba Periodismo y la noticia- de madrugada, a través de la radio- me sobresaltó.
El anuncio de la muerte de Michael Jackson -también a través de la radio- me zarandeó en la medianoche del jueves en el hotel Santo Domingo de Madrid. Envolvió mi sueño en ansiedad.
Lo más terrible era pensar en la terrible soledad en que el cantante pasó sus últimos minutos.
Cuántas veces mi amigo el psicólogo Antonio Bolinches y yo habíamos hablado de la inhóspita soledad que rodea a tantos y tantos famosos fuera del escenario.
La imagen de Michael Jackson agonizando a los 50 años (su edad, la mía) alteró mi sueño, tras evocar aquel niño angelical que daba atractivo a los fabulosos "Jackson Five". Qué niño prodigio era entonces.
Podrán hacerle ahora todo tipo de homenajes en el mundo mundial. Mitificarlo hasta la saciedad.
Pero el admirado artista murió como una piltrafa.
Qué volátil es todo.
Martes, 14 de febrero
Jaime Rodriguez
Miguel Ángel Violán
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
Casimiro López González
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Mercedes Guiot