Que yo recuerde dos veces en la vida he conseguido detener el tiempo: junto al teléfono de mis abuelos y al pie de la escalera de mi escuela.
A la sazón tendría yo unos 5 años, observé el teléfono en un rincón del salón de la casa de mis abuelos maternos, en el cuarto primera de Avenida Mistral, 71, esquina Vilamarí, en Barcelona. Pensé en el número (224 36 24). En ese momento. En mí mismo. Y decidí eternizarlo: toda mi vida me acordaría de ese momento. Me lo propuse y así ha sido.
Un par de años después hice ese mismo ejercicio al pie de la escalera interior que conducía a las aulas de la Escuela Molina, en la calle San Eusebio. Acordé que siempre recordaría ese momento, allí en la escalinata, yo mocoso y con bata. Porque sí. Porque quería retener el tiempo.
Han pasado más de 40 años y recuerdo perfectamente ambos momentos, ambas situaciones. De manera diáfana. Y puedo así viajar en el tiempo a voluntad, retrotraerme y acordarme perfectamente de lo que sentía en esos momentos. Con el tiempo detenido.
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Me gustó mucho leer lo que has escrito, me llevó a algunos momentos mágicos que se mantienen con todos sus detalles sin importarles el pasar del tiempo y que uno puede visitar con las emociones.
A veces los momentos muy tristes tienen ese poder también de detener el tiempo,...aún sin proponernos que esto pase.
Lu
Martes, 29 de mayo
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