Presencié el sábado por la noche en el Campo Nou el Barcelona-Español. Al margen de los méritos de unos y de otros y del vergonzoso arbitraje (pura inanidad), me llamó la atención la práctica impune del antifútbol.
Parece mentira que el arbitraje moderno no prevea conductas que dañan tanto el espectáculo como la pérdida deliberada de tiempo...¡a la media hora del partido!.
Otros deportes (como el básket o el balonmano) tienen perfectamente estipulada la sanción por retención del juego. El básket la cronometra; el balonmano lo deja al buen criterio del árbitro. En el fútbol, nada de nada.
En este sentido, la única mejora que introdujo el balompié ya hace bastantes años es prohibir que el defensa torne con el pie la pelota a su propio portero. ¡Y bien eficaz que ha probado ser la medida!
El fútbol es un deporte manifiestamente conservador. Pero lo que vi anoche en el Camp Nou es realmente irritante: cómo se premia el juego marrullero, la triquiñuela. En definitiva, el antifútbol.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
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Periodista Digital
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