Esto es lo que hay

Las lágrimas de Federer

07.02.09 | 21:51. Archivado en Experiencias
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Leo una bonita columna de Espido Freire en la contraportada de ADN: alude a las lágrimas del derrotado tenista Federer y elogia esa muestra franca de emoción.

Yo también quedé impresionado. Con Federer y con la delicada actitud de Rafael Nadal, solidario con el dolor de su derrotado rival.

Ya he mostrado varias veces en este blog mi admiración por Rafael Nadal: sus cualidades deportivas pero también su fuerza mental, que indudablemente debe mucho a su entorno personal.

Durante mi estancia de doce años en Mallorca oí muchos comentarios sobre la familia Nadal, mayoritariamente positivos. En la línea de ser "gente de palabra". Desgraciadamente me tocó ser la excepción que confirma la regla.

Fue concretamente antes de que Nadal ganase su primer Roland Garros. Ya un año antes había solicitado yo a su familia que el joven tenista apadrinase la Fundación Campaner contra la enfermedad noma infantil en Africa.

Por diversos conductos nos llegaron muestras fehacientes de querer colaborar pero nos pidieron esperar para no distraer al deportista en unos momentos muy importantes de su carrera. Respetamos tal decisión y aguardamos un tiempo prudencial. La joven promesa cuajó y se transformó en brillante campeón.

Yo personalmente retomé la gestión con la familia, quien de manera fría me reenvió a su nuevo representante, quien de manera gélida no mostró el más mínimo interés por colaborar. Con un tono cansado y un punto insolente dejó el asunto en la vía muerta, como quien se desembaraza de un compromiso. No era esto lo que yo esperaba de la familia Nadal.

Con todo, soy muy consciente del alud de peticiones que acompañan las carreras triunfales de los deportistas. Confié en la buena fama de la familia Nadal pero por las razones que fueran ellos optaron por no satisfacer nuestras expectativas.

Tienen todo el derecho del mundo a decidir a quién apoyan y a quién no. Pero yo también tengo el derecho a narrar capítulos de mi vida donde he encontrado actuaciones ejemplares y otros, donde por contra, me he sentido defraudado.

Tal decepción incluye también a la modelo Judith Mascó. Invitada a colaborar con la Fundación Campaner, declinó hacerlo tras gran demora en la respuesta y por conducto de tercera persona alegando que "tenía mucho trabajo".

De este capítulo aprendí la importancia de no crear expectativas que no estemos firmemente dispuestos a cumplir, especialmente en lo relativo al campo humanitario y la cooperación.

También me percaté de lo mal organizada que tienen la vida profesional muchas personas públicas que de natural tienen recursos económicos suficientes para disponer de secretariado propio y poder estar a la altura de las muchas solicitudes que su notoriedad suscita.


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