Leo una bonita columna de Espido Freire en la contraportada de ADN: alude a las lágrimas del derrotado tenista Federer y elogia esa muestra franca de emoción.
Yo también quedé impresionado. Con Federer y con la delicada actitud de Rafael Nadal, solidario con el dolor de su derrotado rival.
Son frases geniales para no olvidar:
-¿Estás cómodo, Spiderman?
De tal guisa sorprendía el malo al arácnido héroe en los tebeos de los años sesenta.
Esta sutileza textual y narrativa no la encuentro modernamente en los productos culturales.
He conseguido llevar a mi madre a la peluquería, dejarse lavar, cortar y secar el cabello, tiznar de negro las canas amarillentas que la angustian, soportar el ruido de los secadores, las esperas, el olor de los tiznes y el trasiego de clientas.
Ha quedado francamente guapa -aunque ella no se lo crea- con un peinado moderno que corona un cráneo septuagenario con arrugas que reflejan el mucho dolor acumulado, las tensiones milenarias y un sempiterno empacho de emociones.
Pero a pesar de tantas heridas, he visto en su cráneo la belleza del legado: del cráneo de mi abuelo, del de mis bisabuelos, de los tatarabuelos, de los ancestros de éstos y de la familia Galán del siglo XVII y aún antes, de la Edad Media, la Antigua y aún más lejos.
Adán y Eva estaban tras ese cráneo milagrosamente vivo, empapado de agua caliente y de tinte negro en una peluquería de la calle Antonio María Claret. Llovía fuera a raudales mientras le secaban el cabello, negro y luctuoso, pero sobre un cráneo felizmente vivo.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez