Tener medio siglo de vida (a ello me aproximo) es una atalaya privilegiada para ver muchas cosas que dejas atrás. Entre ellas, personas en la cuneta.
Se dispara el número de caídos en el combate, desaparecidos, heridos de muerte o la legión de puramente desvencijados por el roce diario de vivir.
A estas edades, las del medio siglo a las espaldas, uno ya se hace idea cabal de lo que es realmente envejecer: el entorno te ofrece ejemplos a patadas.
Y lo más duro de esta inevitable comtemplación es el contraste entre lo que fue y lo que devino. Entre los rostros tiernos de antaño con los rostros apegaminados de hogaño. Entre el alborozo de otro tiempo y las ilusiones perdidas en el tiempo presente.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez