Cambridge constituye un municipio adyacente a Boston, así llamado en probable recordatorio al Cambridge británico. Un río separa Boston de Cambridge, constituído fundamentalmente por Harvard y el amplio complejo de edificios del MIT.
La zona está perfectamente conectada con el aeropuerto internacional de Boston, si bien hay que hacer dos breves trasbordos. En algo menos de tres cuartos de hora se realiza el trayecto.
Boston y la adyacente Cambridge son ciudades climatológicamente frías en invierno e inmisericordemente calurosas en verano.
En invierno la temperatura se sitúa por lo general bajo cero y las nevadas son de órdago. No es por ello extraño el cierre del aeropuerto Logan a causa del mal tiempo. Son imágenes socorridas que solemos ver en la televisión.
Un rasgo característico de Boston es que las distancias son pequeñas, al alcance del peatón. Eso y la presencia del mar la humanizan como ciudad. Los rascacielos del centro, por lo demás, le prestan un cierto aire neoyorquino.
Boston y Nueva York, por cierto, distan unas cuatro horas en autocar. Algo más en tren, que se puede coger en la South Station.
Boston -con pasado textil- es importante plaza financiera, urbe señorial, fina. Y sede por cierto del Boston Consulting Group, la firma consultora más citada en mis estudios empresariales.
La vecina Cambridge le aporta poso intelectual y un turismo joven: el de los millares y millares de estudiantes que acuden al medio centenar de Universidades bostonianas.
Los campus son sin duda el gran referente de una de las zonas más ricas y famosas del planeta.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
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Periodista Digital
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