El MIT (Massachussets Institute of Technology) dista poco más de dos kilómetros del campus de Harvard. La suma de invenciones e innovación que genera anualmente supera con mucho la de gran número de países del planeta. La concentración de científicos con premio Nobel bajo el brazo, estratosférica.
A mi llegada a ese amplio distrito universitario me metí -impelido en buena parte por el frío de la calle- en el edificio de comunicación y bellas artes.
Cuanto allí vi me llegó a causar miedo: parecía un edificio extraído de los decorados de la película futurista "Blade Runner".
En el vestíbulo principal, objetos de todo tipo convivían a la espera de que los investigadores sacasen todo tipo de extraño provecho de ellos.
De repente, una chica oriental surgió de una sala. Como por ensalmo. Decidida. Marchó a un rincón, levantó la tapa de un piano y se puso a tocar.
La música reverberaba por todo el extraño pabellón y yo marché ante una inminente invasión de repicantes.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez