Aupado en la clasificación y convenciendo a propios y extraños. El Barça de Pep Guardiola ha consumado una nueva jornada de juego convincente (0-3 en el campo del poderoso Sevilla) que consolida grandes augurios de futuro.
Me alegro por encima de todo por el hecho de que es fruto del trabajo y del talento aunados con una inteligente política de recursos humanos.
Por muy lejana que me resulte la galaxia del fútbol, no me lo resulta el substrato en que más me fijo: la capacidad de gestión.
Ya he glosado en anteriores inserciones la cultura del detalle que embarga al entrenador, su deseo furioso por saber más y siempre mejorar. Son valores que para sí quisiera cualquier gerente de empresa. Luego la pelota –caprichosa ella- podrá entrar o no. Pero las condiciones para tener suerte están puestas y bien puestas.
Los éxitos de Guardiola son también emblema, acicate y consuelo para quienes sintonizamos con una determinada filosofía del trabajo. Más allá de los colores futbolísticos que nos seduzcan. Es calidad profesional en estado puro.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez