Esto es lo que hay

Hay que vivir

01.12.08 | 07:55. Archivado en Experiencias
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Esta madrugada ha muerto el cantante Joan Baptista Humet. Días atrás él mismo se despedía a través de una entrevista por medio del diario "El Periódico". Padecía cáncer y en la fotografía su semblante se mostraba inusualmente magro, quebradizo.

Una de sus canciones emblemáticas es aquella cuyo título encabeza esta inserción: hay que vivir.

Hará unos cuatro años, impelido por una fuerza extraña, el cantante salió de su anonimato y volvió a los escenarios. De manera igualmente inopinada, Humet abandona definitivamente el escenario.

Descanse en paz.

(Adjunto inserción de su blog en que alude a mi persona)

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Del blog de Juan Bautista Humet.
Sábado, 13 de noviembre 2004,
“Sobre las cerezas , Julia Otero, Samuel Eto’o, Xarli Diego, un tal Violant y Charo

Llegamos al aeropuerto del Prat, sobre las 8:30 de la mañana, la visión del hall me dejó en estado de shock: podrían ser tres o cuatrocientas personas que serpenteaban en una interminable cola, plegada varias veces sobre sí misma, ocupando completamente el amplio vestíbulo del puente aéreo. A lo del SIMO se había añadido el retorno del puente de cuatro días de la Almudena.

A esa hora temprana se iban cerrando los vuelos uno tras otro: el de las 10:45, el de las 11:45, y la fila prácticamente sin moverse. Muchos desistían ante la expectativa de llegar a Madrid a media tarde. Nos pusimos a la cola de forma automática, sin hablar, sabiendo que nuestra presentación era a la una del mediodía y no llegábamos. Creo que fue el estado de colapso mental que le hizo decirme a Charo: "Joan, la facturación de los equipajes es arriba, en el primer piso". Ese mismo estado me hizo aceptar sin rechistar un comentario que, en cualquier otra situación, hubiera cuestionado al instante, pues no tenía sentido.

Puse el carro en movimiento, que íba cargado hasta arriba: varias cajas con discos y dossiers de prensa, la guitarra del artista, bolsa de ropa, y unos carteles de aluminio que sobresalían medio metro a cada lado del carro, y topaban cabreando aún más a los viajeros.

De pronto vi a alguien conocido. Al principio no le reconocí, desesperado como estaba. Me saludó: "hombre, Joan, veo que vas a Madrid". Le puse cara de pocos amigos, devolviéndole el saludo. Estaba tan contrariado que no reconocí a Xarli Diego, antiguo locutor de radio y presentador de televisión, "de mi época", aunque unos años menor que yo.

Fui a buscar un ascensor. ¿Cómo podía ser que no lo hubiera?, ¿cómo se puede facturar así? Sin poder reaccionar ante aquella situación me fui con el carro monstruoso hacia las escalerillas mecánicas. Imaginénse una pendiente de cuarenta grados, conmigo escondido tras el carro, rogando que la guitarra no basculara por un lado, o no se atoraran las ruedas en las escaleras al llegar arriba, que lo haría saltar todo por los aires.

Bien, subí. Soporté unos minutos de una nueva cola hasta llegar a la posición del control por scanner de los equipajes. Algo no cuadraba. No estaba en disposición de pensar, pero en mi archivo de imágenes guardadas nunca me había visto con un carro ante la guardia civil. Un agente me dijo: "caballero, no puede pasar por ahí con el carro. ¿A dónde va?". Le dije que iba a tomar el puente aéreo. Lacónico me contestó: "es abajo". Insistí y me dijo: "siempre ha sido abajo".

¡Dios! Otra vez la escalerilla mecánica, sólo que esta vez al revés. Deshacer aquel camino era como el descenso de un alpinista, mucho más complicado que el ascenso. Al aterrizar de nuevo en la planta baja, oigo una voz detrás de mí: "joder, como ha cambiado la música, antes el artista era el que hacía cola, y el promotor las gestiones de facturación". Le digo: "no, yo llevo jefa de prensa, es otra cosa".

Era Xarli de nuevo. Me dice que había encomendado su equipaje a alguien en la fila de los cuatrocientos zombies, y que allí estaba él para ayudarme. Se le agradecí, porque la sala estaba cada vez más llena y temía perder los alerones del carro en cualquier momento. Buscaba a Charo con los ojos inyectados en sangre.

De pronto recuperé la memoria. En 18 años de silencio no di una sola entrevista de forma voluntaria... excepto la de Xarli. Hace unos once años me llamó, porque empezaba un programa llamado "Por mí que no quede", en Antena 3 Radio. Con él rompí una promesa que me había hecho al dejar la música. La rompí porque creí que entonces él necesitaba ayuda. Habíamos sido buenos amigos en tiempos, él había organizado magníficos partidos de fútbol sala, los típicos cantantes vs. periodistas, en los que yo había participado siempre. Yo jugaba de portero, que cansa poco, y había estaba flanqueado por Bertín Osborne y Joaquim Maria Puyal, verdaderos valladares futbolísticos.

De nuevo en la cola, todo se hizo más claro. Sobrellevamos la insufrible espera avivando recuerdos. Curioso: ahora era él quien se había alejado de la música, dado que había organizado una empresa de imagen y comunicación; en cambio, yo era quien volvía. A todo eso, el ya se había enterado de mi vuelta y decía alegrarse mucho por ello. Incluso declaró conocer esta web, cuando no llevaba más de una semana abierta. Había podido leer, en la Agenda, un calendario cada vez más lleno de actividades, y parecía conocer mis próximos pasos.

-¿Sabes? -me dijo antes de despedirse- a la vista de esa agenda no me atreví a pasar tu teléfono a una persona.

-¿Y eso?

-Sí, un tal Miquel Angel Violant leyó la entrevista tuya de La Vanguardia del otro día y me llamó -dijo Xarli-. Sabía que yo te conocía. Dijo que le haría mucha ilusión hablar contigo para hacerte una propuesta.

-¿Una propuesta? -dije extrañado.

-Bueno, más que una propuesta una petición. Le gustaría que compusieras algo para él, para una organización en la que él participa.

- Bien, ya ves como voy -le dije-. Hasta enero o febrero no me veo capaz.

- Sí, es lo que yo le dije, que irías a tope. Pero me insistió... aunque nunca se lo di.

Aquello empezaba a tomar el color de una extraña conspiración, ya que Xarli y yo no nos veíamos desde 1993. Él ya no volvió a hablar de ello y recuperó su lugar en la cola, unos metros más atrás. Seguíamos sin movernos. Quien haya leído aquel famoso cuento del colapso en la autopista (¿de Cortázar?), podrá imaginar con exactitud nuestro estado de ánimo.

Al cabo de unos minutos vuelve Xarli y me propone comer un bocadillo en la barra del bar, a unos diez metros de allí. Casi sin mediar palabra, le dejo el carro a Charo y me voy con él a desayunar.

-¿Y esa gente, ese Violant? -le pregunto, por hablar de algo mientras llegaba el bocata.

- Ese Violant es uno de mis mejores amigos y un hombre honrado. Es jefe de comunicación de la Cadena de Hoteles RIU. Allí conoció al recepcionista de uno de los establecimientos. Un tal Campaner. ¿Te suena?

-No -le contesté-, ¿debería sonarme?

-Bueno, hoy es muy conocido. La familia Campaner creó en Palma de Mallorca una ONG para luchar contra una enfermedad llamada Noma. Los temas de comunicación los lleva de forma desinteresada Miquel Angel Violant. Y él cree que tú podrías hacer un buen trabajo para promover aún más la fundación a base de una canción, o un jingle, relacionado con la enfernedad, o con lo que se te ocurra.

-Ya.

En aquel momento, de pronto, se anuncia por megafonía que Iberia había habilitado dos aviones más para el puente aéreo. Las filas se pusieron rápidamente en marcha. Xarli estaba en uno de los mostradores de cheking, y nosotros en otro, a unos metros de distancia, exultantes.

Casi gritando, me dice: "¿sabes quién es el padrino, la cara visible de la Fundación?"

-No, ¿Quiéeen?

-¡¡Samuel Eto'o!!

Me quedé de una pieza. Antes de que se perdiera por el finger, creo que aún me pudo oir: "¡¡Coño, Xarli... Dale mi teléfono, chico, dale mi teléfono!!

Y desaparecimos.


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