El ninguneo ya no es posible: los medios de comunicación tradicionales se las ven y se las desean ante la eclosión ya desenfrenada de los medios digitales.
Proliferan los lamentos del periodismo llorón sobre los malos tiempos que se avecinan para un modelo periclitado ante la avalancha de nuevas personas que tienen canales alternativos para hacer llegar sus mensajes.
El oligopolio se viene abajo. Lo antiguo se muere y lo nuevo no acaba de nacer.
La actual crisis del periodismo escrito no es una simple mala coyuntura: es un paradigma que se hace añicos. Muchos se quedan con un palmo de narices.
Muchas de las cosas que ofrece el periodismo tradicional ya no tienen sentido. La industria periodística está obligada a reinventarse. Y en qué ridícula posición quedan aquellos que en la última década le han negado al periodismo digital el pan y la sal...
Me vienen a la memoria muchos artículos de jerifaltes mediáticos de tres al cuarto pontificando sobre la bondad del periodismo tradicional. Si éste ahora se desangra y pre-agoniza, es por dos razones: los drásticos cambios en el entorno pero también su escasa capacidad autocrítica. Un punto débil que ahora se va a pagar con creces.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez