Lo confieso: soy de los que se fijan con gran curiosidad en el peinado que lucen los peluqueros. Trasfondo de mi interés: ¿es efecto demostración de las habilidades que ofrecen ¿Y se lo hacen ellos o externalizan el servicio?
He pasado por delante de la enésima peluquería china que ha abierto en la izquierda del Ensanche barcelonés, un emergente Chinatown layetano. Está bien iluminada. Y el joven peluquero titular lucía estrambótico peinado, probable último grito en Berlín. Le apruebo con nota.
Siempre que nos fijamos en un profesional surge la curiosidad sobre cómo maneja lo suyo en privado. Si es un sociólogo experto en Internet,cómo es su web personal. Si es restaurador afamado, qué locales frecuenta. Si es enólogo, que vino de mesa prefiere. Si es novelista de éxito, qué lee.
Nos creamos expectativas que la realidad muchas veces desmiente. Me confesaba hace pocos días un alumno en Gerona que a pesar de llevar una larga vida profesional como diseñador, su propia web personal lleva años en el limbo, a medio hacer. Duerme el sueño de los justos (injusta expresión en este caso).
En todas partes cuecen habas.
¿Pero a quién no le gusta regocijarse con la melena al viento de un Llongueras, genial hombre-producto?
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez