Un buen y riguroso amigo me da cuenta de su valoración del controvertido reportaje de "The Economist". Yo no he podido aún leerlo. Me apunta algunos errores claros.
¿Pero es adecuada la respuesta catalana? Me temo que hay una fragilidad de fondo.
Las bondades de la publicación británica ya las he glosado, aunque bien es cierto que "quien tiene boca, se equivoca". Nadie está libre de culpa.
Pero precisamente por ello las aseveraciones de la revista han hecho pupa. Es una publicación muy influyente que en cuestión de días puede hacer desmoronar una imagen de prestigio en que uno ha invertido años.
La marca "Cataluña" es todavía en algunos aspectos frágil. Pero quizá menos de lo que los propios catalanes pensamos. Ponerse a la defensiva es claro síntoma de fragilidad.
Siempre he pensado que debiéramos ser proactivos y mostrar al exterior bien a las claras nuestra idea y proyecto de país.
Un bello eslogan sería "Cataluña, un país amable". Siempre y cuando la praxis acompañase. Un país amable es el que ama y se hace querer. Se abre, no se repliega. Exhibe con contención y admira las bondades de los vecinos. Emula sanamente. Desde la fortaleza de sus ideas, no desde la fragilidad de una autoestima quebradiza.
"Ven a Cataluña, un país amable".
Me gusta. ¿Debiera patentarlo?
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
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