Baja la Bolsa. Pero los valores no cesan de cotizar al alza. A los valores éticos me refiero, claro. Hierven y danzan de manera febril.
Valores como sencillez, austeridad, cooperación, innovación o esfuerzo reciben el parabién público de un creciente número de dirigentes. Algunos, recién incorporados.
“La fiesta acabó” –como señalaba recientemente el semanario “The Economist” en su portada- y tras el festín es la hora de purgantes, sales de frutas, bicarbonatos sódicos y todo tipo de lenitivos bajo una etiqueta común: “valores”.
Nada que objetar a este desmedido interés por algo que siempre ha existido e incluso algunos han practicado (por lo general de manera discreta, si no anónima).
El sociólogo Manuel Castells prescribía esta semana en un encuentro ante periodistas que tan sólo la innovación que conduzca a mayor productividad nos permitirá salir de la crisis.
Al mismo tiempo, el pensador y profesor de ESADE Angel Castiñeira Fernández concluía en Barcelona un ciclo de conferencias sobre “valores útiles” promovido por la Fundación Carulla y el Centre d’Estudis Jordi Pujol haciendo un llamamiento a favor del valor de la resiliencia. Dicho en cristiano: a la capacidad de resistir ante la adversidad para transformarnos en personas mejores.
El conferenciante ilustraba el valor de la resiliencia con escenas de la entrañable película “Billy Elliot”: huérfano de madre e hijo de minero en recalcitrante huelga, Billy opta en la escuela por el ballet en vez del viril boxeo. Contra viento y marea. Es resiliente y persevera. Y triunfa (emotiva escena final del film).
Pero debiera recordarse también aquella escena previa en que un jurado de élite le concede una beca para formarse como danzarín tras comprobar in situ y de manera admirativa su indudable potencial.
Y es que la resiliencia necesita un apoyo: actitudes amistosas hacia los comportamientos resilientes. Es decir: apoyo al talento y la heroicidad ajena.
En breve: no me digas de parte de quién vienes. Tan sólo muéstrame qué sabes hacer.
Como Billy.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
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Periodista Digital
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