"Un polìtico tiene dos grandes momentos para decir tonterías: cuando está en la oposición y cuando empieza a gobernar. Luego ya viene una tercera etapa: la de saber lo mucho que cuesta gobernar y por tanto ya no decir tonterías".
Es una frase que le he escuchado esta noche a Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat, disertando sobre el valor de querer al propio país. "Eso que siempre hemos llamado patriotismo"-dijo ante una sala plena de correligionarios.
Tanto nacionalismo como patriotismo son palabras que incomodan. Pujol lo sabe y explica su concepción democrática de ambos términos.
Es un gran orador, aunque sus múltiples lapsus delatan el paso de los años y una merma en su espíritu de autoexigencia. En parte porque diserta en campo propio, entre los suyos.
Con todo, es siempre un placer escucharle. Menciona además interesantes datos concretos. Como por ejemplo uno de los textos que despertó su pasión nacionalista: "El sentiment de pàtria", de Joan Maragall.
Y no duda en sintetizar su triple ideario: nacionalismo, humanismo cristiano y europeísmo.
Tiene un público muy fiel, mayoritariamente de sesentones y septuagenarios, a los que dispensa un trato familiar. Le ríen todas las gracias, lapsus incluidos, tanto los reales como los fingidos. Que se la sabe larga este hombre (y en primera fila, siempre impepinablemente su esposa Marta Ferrusola).
Pujol ironiza ante la presencia de un periodista en la primera fila, Lluís Bou Serra, especialista en política catalana del diario AVUI. Lo tilda con sarcasmo bondadoso de "mala compañía".
Lluís Bou sonríe y encaja. Es un trozo de pan. Y uno de mis mejores fichajes en 1987 cuando entré en AVUI como redactor-jefe.
Lluís Bou, por cierto, estaba en la cuerda floja. Por caprichos del diario querían prescindir de él. Su tío, el formidable periodista Julio Bou Gibert, director entonces de la revista LECTURAS, me hizo percatar de los sólidos valores del joven Lluís.
Quise conocerle. Le cité en una cafetería de la calle Córcega. Me encantó su humildad y recto criterio. Intercedí por él. Le mantuvieron en la redacción tras estar en un tris de ser caprichosamente despedido.
Lluís Bou Serra es un ejemplo de rectitud. Confío en no incomodarle habiendo revelado este capítulo de su carrera profesional que posiblemente él ignorase. Pero me siento muy orgulloso de haber tenido la oportunidad de defender su talento en una profesión que lo vapulea sin sentido.
Tras el acto de anoche, acompañé a Lluís hasta la actual Redacción de AVUI, en la calle de Enric Granados, a la altura de Córcega.
No pude por menos de despedirme de él como si hubiéramos retrocedido yos décadas a través del tunel del tiempo:
-Y cierra cuando antes esa crónica...
Martes, 29 de mayo
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