Entre los libros más queridos brillan con luz propia los buenos manuales.
Acabo de comprar en la FNAC de L'Illa de Barcelona "Método para aprender latín" de Hermann Schnitzler, publicado por Herder. Ha sido un amor a primera vista.
El manual tiene una sencilla pero elegante cubierta. Se presenta como un clásico constantemente actualizado (yo no lo conocía).
Me ha impactado la concisión y sistemática: no falta nada, no sobra nada. Ideal para quien ya sabe latín y quiere refrescarlo todo en pocas horas. Es lo que yo he hecho este fin de semana. Trasfondo: echar una mano a mi hija Patricia en sus ejercicios.
Tanto repaso me trae muchos recuerdos de bachillerato en el Instituto Menéndez y Pelayo de Barcelona. En concreto de mi profesor de latín, el capellán castrense Félix Lasheras, toda una institución.
Debo reconocer que consiguió que yo aprendiera una sólida base de latín. Debo estarle agradecido. A pesar de unas cuantas discrepancias y algún altercado.
Sus métodos eran un contrapunto ultratradicionalista a una incipiente pedagogía modernista, que empezaba a cuestionar el papel de la memoria y el temor reverencial al profesorado. Justo la línea Lasheras.
Pater Lasheras tenía un curioso método de enseñanza. En cada clase un alumno era acribillado a preguntas. Si no respondía o lo hacía mal, rebotaba la pregunta al compañero a su derecha y así sucesivamente hasta el último de la lista. Quien acertaba el rebote recibía como aval un sonoro "pasaaaaaa" y ocupaba la posición del acribillado.
El método (a caballo entre el juego y el asedio docente) te obligaba a estar alerta, a aprender de tus errores...y por supuesto a competir con tus compañeros.
He empleado el mismo método con gran éxito en mis clases en el Centro Superior de Hostelería de Galicia. A priori, a los estudiantes les parecía un sistema extraño. A posteriori, salían encantados: aprendían y el tiempo pasaba volando.
No nos engañemos: aprendemos por repetición. Y el latín requiere mucho de eso. A la vez que capacidad de análisis de variables y observación de las excepciones.
Otra singularidad del Pater Lasheras era preguntar al "acribillado" por la nota que creía merecer. Si coincidía con su apreciación, espetaba: "Está muy bien". Si proponía una nota más baja, espetaba algo así como "no seas tan modesto". Si se pasaba de nota, exclamaba "¡tal nota te pongo y va que chuta!".
En cierto ocasión redondeó su evaluación sobre mi intervención, discretilla debo decir, con esta aseveración: "Violán, eres pedrestre. Tienes que pulirte".
En cierta ocasión me contó una respuesta por errónea, dio el rebote al compañero, le hizo pasar y yo exclamé: "¡Y yo qué he dicho!".
Con los ojos chispeando y furia incontenible me echó de clase.
-"¡Y no vuelvas hasta pedirme perdón!".
Fue un viernes. Pasé el fin de semana odiándole. El lunes -más calmado- me acerqué a él. No me dejó hablar para excusarme.
-Ya puedes entrar.
Mostraba una sonrisa magnánima.
Así era el pater Félix Lasheras, aragonés, franquista hasta la médula e imbuido de la lengua latina hasta los poros.
Por cierto: los buenos amigos de la lengua latina pueden oir las noticias en el idioma de Cicerón a través de la emisora alemana Radio Bremen: http://www.radiobremen.de/nachrichten/latein/
Quien tenga consultas, puede acudir entre otras a http://www.latiniando.es.vg/
Feliz inmersión en la lengua más odiada por unos y enaltecida por otros. Yo, entre ellos.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
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Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez