Durante los setenta (mis años universitarios y endiabladamente austeros) descubrí el valor de la expresión "economía de guerra".
Con todo, fueron años felices, presididos por los bajos costes, la optimización del tiempo y el descubrimiento del mundo.
Creo que allí se forjó mi madera de "superviviente", que tan útil me ha sido en situaciones de crisis posteriores. Como ahora.
Más allá de la incomodidad inicial que las crisis económicas causan en sus primeros estadios, consituyen magníficas oportunidades de poner la casa en orden: limpiar, tirar, reciclar. Ir ligeros de equipaje.
Las crisis te ayudan también a ser competitivo: la mayoría busca lo más barato. Hay que reducir costes. Hay que cuestionarse principios y procedimientos que dábamos por intocables.
A renovarnos, pues, también ayudan las crisis.
Las crisis también ayudan...a acercarte más a los otros. A compartir sus desvelos y entenderlos. A hacer piña. A recuperar el sentido de lo comunitario (bancos de tiempo, economía del trueque). A afilar el espíritu crítico. A no tolerar los pequeños desmanes cotidianos. Impunidad cero para las ineficiencias y derroches.
A ser muy críticos y vigilantes con quienes nos gobiernan.
A reflexionar sobre todo ello. Y ponerlo en un blog.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez