Oído en la interesante película "La vida de los otros":
-¿En que sé diferencia un teléfono del camarada Erich Honecker, presidente de la comunista República Democrática Alemana?
-En nada. Ambos deben ser colgados.
Las dictaduras activan el sentido del humor de los constreñidos ciudadanos. Tal chiste se menciona en la película en boca de uno de los jefes de la temida Stassi, la policia secreta, haciendo alarde de saber los chistes que circulan en contra del régimen.
"La vida de los otros" es impactante. Como lo fue la vida en el socialismo real. Nuestros vecinos orientales de este continente sufrieron lo indecible mientras duraron aquellos regímenes.
Y mucho progresista de salón debiera pedir público perdón por las sandeces vertidas negando lo innegable: que eran dictaduras.
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Ademas de esto, es una bella historia sobre la responsabilidad personal, la toma de conciencia y el principio de acción basado en valores y de como en la más estricta dictadura, aún siendo un elemento de la maquinaria de la represión, si uno dispone de los tres elementos anteriores, queda un margen siempre para la libertad.
Y las estatuas de bronce, claro.
"La vida de los otros" me recordó el estado policial franquista. La censura, la prohibición de prensa extranjera, el bautizo bajo el terror, la negación del pasaporte, los antecedentes políticos familiares para una beca, ¿donde estaba su padre el 18 de julio? la imposibilidad del matrimonio civil, imponiendo una religión falsa (e inmoral por impuesta). Me pidieron la partida de bautismo para las milicias universitarias, 40 años rezando a Franco entre la cruz y Jose Antonio... jurando los principios del Movimiento..
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
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