Hay frases que describen bien a las claras una situación. Preguntado un alto directivo de las finanzas por la prodigalidad de los bancos a la hora de dar crédito de manera imprudente, contestó:
"Si hay música, hay baile".
Con otras palabras: las euforias conducen a comportamientos de desmadre colectivo.
Tan sólo hace dos años era frecuente ver ofertas de hipotecas que te ofrecían más allá del 100% del valor del piso. Incluían así hasta los gastos notariales y el financiamiento de un viaje al Caribe para celebrar la adquisición.
Cuando suenan aires de fiesta, nadie quiere ser el primero en marcharse. Las euforias embotan los sentidos, hacen flaquear la fuerza de voluntad. Se cae irremisiblemente en el autoengaño:hay música, hay que bailar.
De repente la música cesa y con celeridad todos los danzarines huyen despavoridos del escenario.
El ya-te-lo-había-dicho-yo suena por doquier. Pero de nada sirve. Hemos estirado colectivamente el brazo más que la manga y ahora toca un duro reajuste.
Sin música, sin baile. Estamos tristes.
Una portada de revista prestigiosa se interrogaba hace tan sólo cinco años si el capitalismo ya había encontrado la fuente de prosperidad eterna.
Que se lo pregunten a la la legión de parados actuales e inminentes.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez