Mi talentómetro (chip que llevo índefectiblemente ínsito en mi prominente cabeza a la búsqueda y captura de talento) hace tiempo que sacó chispas al leer los artículos del periodista coreano (ni del sur ni del norte: de Corea, barrio de Palma de Mallorca) Matías Vallés.
Adjunto uno de los textos del mentado autor -publicado en Diario de Mallorca- en que parodia la evanescencia del presidente balear, Francesc Antich.
Tortuga rara en Cabrera 8 Agosto 2008
La suelta de tortugas, que la Reina protagoniza anualmente en Cabrera, incluyó ayer la liberación de un quelonio de rareza singular. Había sido hallado en las inmediaciones de la Lonja, aunque también se aclimata al interior de la isla, pues un ejemplar similar fue avistado en Algaida.
En el momento de su captura, daba la impresión de aburrirse, y de no haber realizado actividad alguna durante el último año. Esta afición al letargo se complementa morfológicamente con unas características formaciones calcáreas orbiculares, que le confieren el aspecto de llevar gafas.
Según el consenso de los biólogos, se trataría de una Franceschelys Antichatus. Se desarrolla con especial brío en cautividad, donde llega a alcanzar una longitud de 175 centímetros.
Dotada de la capacidad de autocontrol suficiente para hibernar en agosto, la tortuga Antichatus no se inmuta ante ninguna agresión exterior. Se refugia bajo su caparazón y, cuando un depredador se dispone a atacarla, le ofrece súbitamente la otra mejilla.
Este gesto defensivo desquicia a los tiburones, su enemigo natural. En la juventud, su rostro está forrado por una capa pilosa que remite con el tiempo. Durante los trámites que precedieron a su liberación en Cabrera, el quelonio no emitió sonido alguno, pese a que la Reina le habló en la media docena
de idiomas que domina, y con los cuales siempre había conseguido comunicarse con las tortugas más ensimismadas.
Pronto se estableció una corriente de simpatía entre la esposa del Rey, su nieto Froilán Marichalar de Borbón y la remisa Antichatus. “Yo entiendo lo que te pasa”, le susurró el niño.
La Reina acarició al galápago con especial ternura, antes de depositarlo mansamente en las aguas de Cabrera. El quelonio se hundió con lentitud, mientras la Reina agitaba los brazos a modo de despedida, en la pose que la ha hecho famosa.
El galápago no volvió a salir a la superficie. De regreso a Mallorca, los expedicionarios que habían participado en la suelta de tortugas sintieron un vacío, como si faltara uno de los pasajeros del viaje de ida.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez