Leo con fruición-en La Vanguardia de hoy- el articulo del ex futbolista Joan Golobart sobre el egocentrismo de los jugadores que prefieren ser "importantes" antes que "útiles".
Cuán antinado. Es el contrapunto noble a un periodismo deportivo fétido.
Golobart razona que Samuel Eto'o es un buen ejemplo de ego desmedido que eclipsa sus grandes capacidades.
Estoy muy de acuerdo con el comentarista. Tuve, por cierto, oportunidad de conocer a Samuel y bien valdrá la pena que próximamente le dedique una inserción en mi blog. De las largas y enjundiosas. Título: "Samuel nuestro, que estás en los cielos". Será de las que pinchan hasta tocar el hueso. Un hueso que podríamos llamar "e-gol-centrismo".
Golobart expresa de una manera muy clara que es la utilidad que aportamos a los proyectos lo que nos da importancia como seres humanos. Yo añadiría "trascendencia", "grandeza". Sentido de que ha valido la pena vivir.
El ex entrenador Azkargorta es también un excelente comentarista deportivo.
Antes leía yo con interés los artículos de Johan Cruyff pero acaban teniendo un tufillo de intereses tan espúreos que se me ha pasado la afición.
Johan es, con todo, un tipo listo y simpático. Lástima que le guste tanto el dinero.
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La última frase me ha recordado comentarios de familiares que tengo en Holanda: allí lo tienen etiquetado como "pesetero" (o agarrado, o "eurero": los holandeses tienen la misma fama de tacaños que los catalanes). Y eso lleva a plantearnos qué consideramos que mueve el mundo: el reconocimiento social (presentado de mil maneras: éxito en popularidad, en dinero, en proezas sexuales, ...). ¿Es realmente ésto? ¿No es mejor pensar en globalidad -el bien común- que pensar en unidad -el bien propio-?
Martes, 29 de mayo
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