"-¡Qué bien vives!"
Puedo preciarme de haber oído centenares de veces que me dirijan esta frase.
Se me antoja que algún tipo de inteligencia vital debo poseer para impregnar a mi trayectoria de tal atractivo, filtrados los comentarios envidiosos de rigor.
¿Y en qué consiste una " buena vida"?
Se me antoja cada vez como más evidente que la socorrida expresión tiene clara vinculación con las percepciones propias y ajenas sobre el arte de vivir.
Es común que espeten el comentario -con retintín- observadores superficiales prestos a ver los frutos ajenos pero no los subrepticios esfuerzos que los han generado.
De esta manera, el comentarista que se permite auditar tu bienestar suele quedarse en lo superficial. Casi casi en la estética, sin sumergirse en la biografía profunda que ha forjado aquella "buena vida".
En gran parte la vida es buena o mala si nos la hacemos buena o mala, exceptuando aquellos casos clamorosos de infortunio tras los que "vivir bien" queda reservado a gentes de excepcional brío y abnegación.
La buena vida está más en uno mismo que en el exterior. La enésima ISO, la ISO-Buena Vida, es por encima de todo una autocertificación.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez