Estoy leyendo "La catedral del mar" de Ildefonso Falcones. Y sé que lo hago tardíamente.
Había cogido prevención a esta novela tras conocer detalles sorprendentes de su confección: como la reelaboración drástica de los materiales por un experto editorial bajo la tutela de la editora (ahora encumbrada) Sandra Bruni.
Sin embargo, he leído las primeras 60 páginas y -a pesar de una cierta endeblez literaria del texto- estoy encantado.
¿Por qué me seduce este libro?
Aguardaré al final de la lectura para hacer un juicio sólido pero de entrada se me ocurren dos factores:
-el lector fácilmente vive las situaciones que son harto dramáticas. Por ejemplo, el derecho feudal de pernada. Era harto conocido pero cuando lo lees narrado en clave dramática captas el profundo significado de esa aberrante práctica.
-como barcelonés y catalán capto referencias a una realidad histórica y geográfica que me es muy próxima.
Mi hija Ariadna me precedió en la lectura y le gustó mucho. Una vez más de demuestra la inmportancia del boca-oreja.
No hay nada más estimulante que tener un libro que te distrae, que te hace desear ratos libres para leer nuevos capítulos.
Porque en el fondo de todo, la literatura es eso: entretenimiento. Tener al otro, poseerle. Sociedad virtual entre quien lo escribió y quien lo lee.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez