Uno de los más emotivos espectáculos humanos en Mallorca es descubrir el amor por el mar que sienten muchos isleños. Ambas palabras aparecen así estrechamente hermanadas.
Todas las Islas Baleares son un prodigio marino. Calas y calitas, playas, acantilados, cuevas...
La presencia del mar se intuye por todos lados. Y lejana es la proclividad del isleño por navegar y descubrir nuevos confines. Y siempre volver.
Los colores de este mar arrojan matices portentosos. Unidos a la singular luz de la isla, el conjunto se convierte en un ente de belleza sobrenatural.
El mar,como tal, es una fuerza viva y espasmódica.
Me encanta divisarlo desde Ses Avingudes de Palma, llegados a la gasolinera. Bajan los coches en rampa como si fueran a fusionarse con el azul, en abrazo irrefrenable.
Otro punto neurálgico es la terraza del restaurante "Panorámica" en Cala Blava (antiguamente Cala Mosca, rebautizada por un avispado pionero del márketing turístico). Las vistas desde allí son de una belleza turbadora.
Y el espectáculo que desde la terraza se divisa de los aviones descendiendo al regazo aeroportuario son de los que invitan a sentir pasión por el arte.
Son amor y mar, místicamente trabados, confundidos. Todo en uno.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez