Me reencuentro con mi querido amigo Alfonso Dicenta en una cafetería del Paseo de Mallorca. Su madre acaba de fallecer a los 96 años. Es la razón de su fugaz visita. Mallorquín afincado en la República Dominicana, me explica el sentimiento caribeño de la vida que lo mantiene alejado de su isla natal.
"Viven para el momento ya que no saben si vivirán mañana. Son mucho más conscientes que nosotros de que la vida es un tránsito"- me explica.
Se me antojan unas palabras muy sabias.
Cuesta tanto desprenderse de las cosas fútiles que nos encorsetan.
La alegría que yo vi en el Caribe la he encontrado en pocos países del mundo.
Es aquel un mundo mágico y estrafalario.
Volveré a visitarlo en octubre.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
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