Un detalle me ha llamado la atención de las informaciones vertidas sobre la preparación deportiva del monstruo de la natación, Michael Phelps: el respeto a rajatabla de los descansos impuestos por el entrenador.
No es novedoso que nos hablen de las muchas horas de dedicación de los deportistas profesionales. Ni de sus estrictas dietas y privaciones varias. Pero el factor descanso no sale tan a menudo a la palestra.
Y me doy cuenta de que "ir bien descansado" es primordial para ser eficaces en cualquier actividad.
He leído que atletas olímpicos se opusieron a desfilar en la ceremonia inaugural para no estar fatigados en sus competiciones al día siguiente. Da cuenta de un gran celo por preservar el descanso. El descanso, la relajación, debieran ser sagrados.
Recuerdo que en mi primera conferencia en Alicante, hace casi una década de eso, mis simpáticas anfitrionas de la asociación "Dones i Comunicació" me llevaron a cenar al restaurante de moda de la ciudad, con amena sobremesa...¡hasta la una y media de la madrugada!
Al día siguiente me recogían en el hotel a las ocho. Es sabido que quien asiste a una conferencia puede regular el nivel de atención a dispensar. Pero quien la imparte, no. Tiene la obligación de estar al cien por cien.
Maldita pues la gracia de esta costumbre tan latina de presumir de capacidad de trasnocheo. Conmigo que no cuenten.
En los últimos años he descubierto que la profesionalización de mi carrera de conferenciante requiere detalles que en otra época consideré nimios. Entre ellos, que se garantice mi derecho al descanso.
No aspiro a ocho medallas de oro en la oratoria pero sí a ser un probo conferenciante que intenta cada día hacerlo un poco mejor. De manera que tendré que porfiar por mis descansos.
(De mis desayunos -copiosos casi como los de Phelps- hace ya tiempo que me ocupo).
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez