"Si no aprendemos a morir, no aprendemos realmente a vivir".
Esto nos dice en resumidas cuentas el pensador Francesc Torralba Roselló en su columna "¿Habrá alguna vez una adecuada educación para la muerte" dentro de un reportaje de LA VANGUARDIA de ayer (16-8-08) bajo el título "La muerte vivida".
No es habitual que los medios de comunicación se dediquen a hablar de la muerte: ¿sequía informativa de verano o coló la iniciativa de un redactor sensibilizado?
Sigo con interés los escritos e intervenciones públicas de Francesc Torralba, catedrático de la Universidad Ramon Llull. Tiene un pensamiento maduro, sólido y claro. Es además un excelente comunicador, como pude comprobar hace dos años en una conferencia sobre el cuerpo humano en el auditorio de Sa Nostra en Palma de Mallorca.
No son muchos los buenos comunicadores que identifico. Torralba es uno. Habla, además, un castellano firme, sin aspavientos ni catalanadas que se me antojan de tan mal gusto en algunos oradores autóctonos (difícilmente podemos recibir respeto para nuestra lengua si nosotros no respetamos la ajena).
Quizá influya en ello algún mestizaje familiar que haya influido en su educación. O quizá sencillamente estamos ante un ejemplo de rigor lingüístico.
Aprender a morir. Gran tema éste. Al respecto tengo unas ideas que he aglutinado provisionalmente bajo el título "La buena muerte".
Se habla mucho de "la buena vida". A mí me interesa reflexionar sobre "la buena muerte". Porque buena o mala, llegará. Me llegará. Nos llegará.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez