Siento una gran fascinación por el malogrado cantante Buddy Holly. A su trágico fin en un accidente de avión se une algo que me lo hace especialmente querido: esa rara mezcla entre cantante modosito e intérprete con arrojo.
Descubrí a Buddy Holly de manera casual visionando una película de un canal de la televisión alemana sobre su vida. Al tenerla grabada, pude recrearme en muchas escenas. Me fascinó.
Eran unos tiempos en que la música pop estaba a punto de eclosionar y los encorbatados cantantes de la época hacían sus primeros pinitos de signo pre-rockero.
Gafudo, algo torpón pero manifiestamente voluntarioso, Buddy Holly se ganaba a pulso el éxito, a menudo diezmado por las constantes ausencias de casa y su inestable entorno personal como fulgurante estrella musical.
Me gusta Buddy Holly y muchas de sus canciones son estremecedoramente agradables. Entre ellas, Peggy Sue.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
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Periodista Digital
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