Chubasco que finalmente nos remoja el cogote. ¡Bienvenido sea! Llueve sobre Barcelona tras el serio aviso de ayer: fétido olor de alcantarillas.
Los chubascos dan glamour a cualquier urbe que se precie. Especialmente bienvenido es a mediados de julio, como contrapunto al calor sofocante.
Los chubascos urbanos eran pródigos y pertinaces en otras épocas. Ahora son remisos y remolones. Pero bienvenidos sean.
Las ciudades sin chubasco repentino de media tarde difícilmente pueden ser espacios poéticos y de ensoñación.
Ojalá pudiéramos obligar al cielo por decreto a rociarnos con un mínimo de chubascos estivales como el de esta tarde. Los chubascos ponen aliño en la ciuda maloliente y limpian los coches de costras de polvo y contaminación.
Más chubascos, por favor.
Martes, 29 de mayo
Antonio Pérez Henares
Bustamante, Arévalo y Pardo de S.
Miguel Ángel Violán
Jaime Rodriguez
Rolando Rodrich
Rafael Moreno Izquierdo
El Espacio del Dircom
José Antonio Piñero
Periodista Digital
Juan Luis Gámez Ortúzar
Antonio Jiménez